Los tres cerditos

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Había una vez tres alegres cerditos. El primer cerdito tocaba la flauta, el segundo cerdito tocaba el violín y el tercer cerdito tocaba el piano.
Un día su madre les dijo: "Queridos hijos, ya son lo suficientemente adultos y grandes como para dejar la casa materna y comenzar su propia vida. Sean sabios, cuídense mucho y ayuden a sus hermanos". Entonces los tres cerditos se fueron de casa y decidieron construirse sus propios hogares.
El primer cerdito sin pensarlo mucho, hizo su casita de paja. "Así el lobo ya no me puede alcanzar y comer", dijo él alegremente y volvió a tocar su flauta y a bailar.
El segundo cerdito hizo su cabaña de madera. “¡Genial!”, pensó él. “¡Ahora el lobo tampoco me podrá comer a mí!” Al igual que su hermano, no tardó mucho en construirla; y luego se fue a jugar y a tocar música con el primer cerdito.
Mientras ellos jugaban y cantaban, el tercer cerdito seguía construyendo su casa de ladrillos. Sus dos hermanos se burlaban de él por trabajar tanto, pero a él no le molestaba. Todo lo contrario, pues dijo: “¡Ya verán que sucederá cuando llegue el lobo feroz!”.
No tardó mucho para que el lobo feroz se acercara a las casas de los tres cerditos, mientras ellos estaban afuera. Todos los cerditos corrieron a su casa para esconderse. "Cerdito, cerdito, ¡déjame entrar!", dijo el lobo al primer cerdito. "¡Ni loco te dejaré pasar!", contestó el primer cerdito con valentía. "¡Entonces soplaré y soplaré y la casita derribaré!", dijo el lobo.
Y sopló con todas sus fuerzas: sopló y sopló y la casita de paja derribó. El pequeño cerdito dio un chillido y corrió lo más rápido que pudo a la cabaña de madera del hermano mediano, pero el lobo sopló y sopló de nuevo hasta que la madera crujió y las paredes cayeron.
Entonces, los dos cerditos chillaron y corrieron a refugiarse en la casa de ladrillo del hermano mayor.
El lobo sopló y sopló, y después sopló más y más fuerte, tan fuerte como el viento de invierno, pero la casita de ladrillos era muy resistente y no conseguía su propósito. Y como el lobo era ingenioso, ¡decidió entrar por la chimenea! Pero el cerdito era más inteligente todavía y estaba preparado.
Había puesto un caldero con agua hirviendo sobre el fuego de la chimenea. El lobo feroz cayó en el caldero y murió.
Los dos cerditos menores aprendieron la lección de su hermano y decidieron jamás ser perezosos. Al día siguiente se construyeron casas de ladrillos; desde entonces el primero y el segundo cerdito tenían todo el tiempo del mundo para tocar la flauta, el violín y cantar, mientras el tercer cerdito los acompañaba en el piano. Así los tres vivieron felices y alegres para siempre, sanos y a salvo en sus casitas de ladrillo.

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