Chicken Little

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Chicken Little disfrutaba pasear por el bosque. Le gustaba mirar los árboles y oler las flores. Le encantaba escuchar el canto de los pajaritos.
Un día, mientras caminaba por el bosque, una bellota cayó de un árbol y le golpeó su cabecita. ”¡Oh, no! ¡El cielo se está cayendo! Debo ir corriendo a contarle al león”, dijo la pollita, y empezó a correr.
Corrió y corrió hasta que se encontró con la gallina. “¿A dónde vas?”, le preguntó la gallina. “Oh, Paulina Gallina, el cielo se está cayendo y voy corriendo a contarle al león”. “¿Cómo sabes que el cielo se está cayendo?”, preguntó Paulina Gallina. “¡Me golpeó en la cabeza!”, respondió Chicken Little. “Quiero acompañarte”, dijo Paulina Gallina.
Entonces las dos corrieron y corrieron hasta que se encontraron con el pato. “El cielo se está cayendo”, dijo Paulina Gallina. “Así que vamos a ir a contarle al león”. “¿Cómo saben que el cielo se está cayendo?”, preguntó Patricio el Pato. “Le golpeó a Chicken Little en la cabeza”, dijo Paulina Gallina. “¿Puedo acompañarlos?”, preguntó Patricio el Pato. “Claro que si”, dijo Paulina Gallina.
Así los tres corrieron y corrieron hasta que se encontraron con el zorro. “¿A dónde van tan deprisa?”, preguntó el zorro. “El cielo se está cayendo y vamos a contarle al león”, dijo Patricio el Pato. “¿Saben dónde vive él?”, preguntó el zorro. “No lo sé”, dijo Chicken Little. “No lo sé”, dijo Paulina Gallina. “No lo sé”, dijo Patricio el Pato. “¡Yo sí lo sé!”, exclamó el zorro. “Vengan conmigo y les puedo mostrar el camino”. El zorro los guió por el bosque, cada vez más y más adentro, hasta que llegaron a su madriguera.
“Vamos, entren por aquí”, dijo el zorro. Y todos entraron a la madriguera, pero nunca salieron de ahí. Nunca deberías confiar en un desconocido.

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